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El drenaje y el Empedrado: Las excavaciones superficiales en las que se ha visto envuelto el pueblo han sido varias, en una de ellas es el desacomodo de aproximadamente cuarenta centímetros de la superficie de las principales calles a manos de mi estimado amigo Manuel Tenorio Alemán que de cariño se le recuerda con el nombre de Tenorio. Pero antes de adentrarnos a las pláticas del empedrado nos remontamos un poco mas atrás allá por los años entre los 75s a los 78s cuando se llevó acabo el drenaje de la mayoría de las casas del pueblo. Entre nuestras platicas ha sido muy poco el nombramiento de este apellido, el cual se encuentra entre los primeros fundadores del pueblo, por lo tanto rara vez nombrado es el de Montenegro, descendiente de la madre patria España y su arraigo ha quedado en el olvido poco a poco, los lazos que nos unen son pocos. Bien recuerdo que mi madre mencionaba esta familia con lasos y parentescos con los que hoy habitan en Tepehuanes. Uno de ellos que dejo sus marcas en los comienzos fue Don Salvador Montenegro, personaje de pocas palabras y actitud recta, del naciendo Javier Montenegro que radica sin temor a equivocarme en la Ciudad de México, que por medios de sus afiliaciones e influencias hizo algo remarcable, la construcción, diseño y planeación del tendido de pipas para el drenaje del pueblo. Con sus ingenieros y personal la prosperidad del pueblo se adelantó en el progreso rápidamente dejando atrás a la mayoría de los pueblos con éste avance, de las casas en que se trabajaban cada dueño se le hacía responsable para cubrir desde la zanja hasta el costo de los tubos, siendo aquí donde se encuentran innumerables cosas enterradas tal vez por miles de años, como son huesos, piedras, manos de metates algo de alfarería, como también cosas de la revolución, se dejaban en los montones de tierras a lo largo de las excavaciones estas siendo rara vez reclamadas por nadie y volvían a donde se les encontraran al fondo de la zanja siendo nuevamente enterradas. El empedrado se empezó en el callejón de enfrente de un basurero llamado el de Coleta, que está antes de entrar al callejón largo que dá a las pilas, es donde cuando llovía se hacían unos sanjones profundos y difíciles de transitar para los que tenían que cruzar el puente colgante, en una tarde se encontraba el Señor Zenaido en Tepehuanes y en la plaza sentado mirando los trabajos que se efectuaban por la cuadrilla de empedradores, y es cuando se le ocurrió la idea de empedrar este callejón con la ayuda de su suegro Antonio, entre platicas se avinieron a mirar el trabajo y al siguiente día fue de visita Don Tenorio y una pequeña cuadrilla a mirar y después dentro de una semana mas tarde se empezaron las obras del empedrado. El disturbio que causara dicho evento a las personas que se juntaban en la rinconada de este barrio, para ser más exactos en la banqueta donde se reunían a diario mas de treinta personas a jugar a la lotería, hecho de magnitud reconfortadora para el cansancio de las rutinas, era aquí donde se divertían las personas de manso corazón de este barrio, después se pasaron los trabajos a la calle principal y de allí continuaron por todo el pueblo, en las tareas participaron también personas del pueblo pero en general fue esta persona, Don Manuel Tenorio Alemán. En la última plática que tuve con él en la fiesta del centenario fuí precisamente a buscarlo a Tepehuanes y conversamos ampliamente, me lo encontré esperando afuera del banco bancomer a que le aprobaran su mensualidad, a lo que él me explicó que pudiera ser unas horas sino hasta mañana, le dije que tal unos doscientos pesos para que me acompañe a recorrer La Purísima y entre pláticas me cuente su historia, a lo que él accedió de buena manera, al parecer se encontraba en la necesidad, quien no en estos días verdad?... Llegando a La Purísima, empezamos los relatos de sus vivencias y sin sabores como los mejores ratos que él viviera entre la gente de este poblado, entretenidos entre nuestras pláticas estábamos en aquel entonces fuera de la tienda de Fabián cuando al parecer nos estábamos apoderando de la banca de la resolana (el sol) de los que ahí se reunían. Como en todos los escritos se ha tratado de no mal expresar a nadie, es sin duda algo difícil, siendo aquí donde escuché algunas palabras de deshonor para mi invitado y para mi, con un - para que pierden su tiempo, -¿qué información le pueda dar éste amigo si ya esta frito? y de allí para arriba, algo que me enfureció, sin dejarlo notar por supuesto. Continuamos la platica entre él y yo, decidiendo cambiar de tema de investigaciones le dije vamonos compadre parece que a alguien le hacemos daño y estas dos personas contestando -que nos puedas enseñar tú y ese ruquito que no es ni de aquí, nosotros lo sabemos por que toda la vida la hemos vivido aquí, personas como estas son las causantes que la energía se revitalice y nazcan las ganas de seguir con estas pláticas. Con un con permiso señores que tenemos cosas que sí valen la pena proseguimos el camino a los árboles de con Enrique Quintero en la calle principal, y con un barrilito cada uno, le seguimos dando rienda suelta a la platica por demás que amena. Oiga fíjese que las calles de cada pueblo tienen su historia casi a flor de tierra, -decía mi estimad amigo- con su sonrisa invitadora a contestarle con otra sonrisa, sus ojillos se cerraban por el gesto amable de su buen corazón, continuando con su platica -en este las balaceras eran de locura,- en este se tiraban cargas completas en minutos si viera cuando escarbábamos las cantidades de casquillos eran impresionantes, herraduras, cuchillos, cachas de pistolas, pistolas viejísimas que se podrían con solo aplastarlas, siempre las dejábamos en los bordos de los lados para ver si alguien las quería, la mayoría de las veces se quedaban en el olvido, así son muchos pueblos son pocos interesados de sus cosas antiguas. Después de eso fueron algunos que preguntaron acerca de estos hallazgos, más por curiosidad que por interés, bien sabíamos donde fueron tiendas por tantas corcholatas tiradas, como también donde eran las cantinas pos que hasta plomo enterrado sacábamos de entre la tierra, en una casa que está en la principal bien se miraba que era casa familiar, en la casa de enfrente parecía que jugaban los pequeñines pues nos encontrábamos bastantes canicas y cerca de la pared nos encontramos como una veinte de todos colores, en nuestras mentes estas quedaron enterradas cuando salieron corriendo ó simplemente las dejaron y el mismo olvido se encargó de buscarles paz hasta que las descubrimos. Los huesos también no se hicieron esperar por detrás de la calle para arriba apuntando de la cruz, mi compañero encontró huesos, pero en demasía parece que enfrente de esta casa era ó fué una carnicería, la tierra estaba quemada y los huesos por todos lados, en la calle principal es donde mas cosas encontramos que parece ser es donde se reunían para todo tipo de cosas y fiestas. Un cuchillo como daga junto con una pistola completamente desecha parecían de las primeras de la Revolución, quien sabe pero eso sí eran demasiado viejas, nadie las reclamaba ó se las llevaba para coleccionarlas. -No sabe como le agradezco que me ofrezca estos doscientos pesos, las medicinas para las reumas se me acabó hace tres días y éste ha sido dinero fácil para mi, solo Dios sabe cuando lo socorre a uno y hoy me ha socorrido con su ayuda, después de ésto le dí sus doscientos y le dije que no se preocupara que Dios aprieta pero no ahorca, después de esto le dí otros doscientos más que le causaron una felicidad poco expresada entre nuestra gente, las necesidades son escasas pero el que la tiene solo duerme con ellas y solo sabe cuales son. La plática fue amena y agradable, él me confirmó que son pocas las personas que se interesan de estas cosas, su pregunta más que una vez fue, para que quería yo esta información, solo le contesté que me interesaba todo lo relacionado con el pueblo antiguo, a lo que él frunció el entreseño y dijo « buena suerte, si éstos paisanos que nos topamos fueran sus enemigos estaríamos muertos» refiriéndose a las miradas y las tildadas de nuestras locuras, por parte de los dos interlocutores que nos encontramos al quitarles el banquito de la resolana, es algo en lo que las costumbres de estos pueblos cuando se ven depribadas de su cotidianas paseadas, los paisanos salimos intrusos de ellas, es por eso que la tranquilidad que se siente entre nuestra gente se desapasigua con la llegada de personas que no son de las que vivimos a diario aquí. Se despiertan los sentimientos guardados de la reprivación de las cosas que les gusta hacer a diario. Esto se entiende que como ellos también nosotros vivimos y las sobrecargas y el bullicio nos quitaban la quietud que reina cuando son pocas las personas que más que ruido pernoctan. Después de caminar y platicar por entre las calles del pueblo con una sonrisa demás de amable, escondiendo sus pequeños ojos tras las pocas arrugas que se estiraban junto a su sonrisa me pidió que lo llevara de regreso a Tepehuanes, haber si de casualidad sus mensualidad estaba presente, lo dejé en las afueras del mismo banco que lo encontré y con una sonrisa dijo espero que de algo le sirva la poca información que le he dado y más gracias por la quincena que me ha regalado, Usted me ha solventado los problemas por algunos días, más que nada parece que si está poco fuera de lo común, pero de alguna forma son muy contadas las personas que les interesa su pasado, Usted reciba mis bendiciones a donde quiera que sus pasos dirija.
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