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Antes de la llegada del ferrocarril a Durango, como en todo México, las carretas, las diligencias y las conductas de arrieros eran los medios de transporte que surcaban nuestra accidentada geografía.
La historia del ferrocarril en el país data de 1837, cuando le fue otorgada a México la concesión para la construcción de la primera vía férrea. Una fecha importante en esta historia es el año de 1873, al inaugurarse el tren de México a Veracruz.
La historia del ferrocarril en nuestro estado puede decirse que se remonta a los años ochenta, cuando se realizan las primeras gestiones ante el Gobierno de la República, para que arribara a Durango el Ferrocarril Central Mexicano, que se planeaba de la Ciudad de México a Paso del Norte, lo que no sucedió sino hasta el 16 de octubre de 1892, cuando llegó resoplando el primer tren a Durango.
Después de ese episodio tan importante, el siguiente sería el tren Durango-Tepehuanes que, planeado en un principio hasta Guanaceví, detuvo su marcha en Tepehuanes, por razones económicas y seguramente políticas, pues ya se avecinaba la Revolución. El tren hizo de Tepehuanes su última estación, a donde arribó el histórico 12 de mayo de 1902.
Es definitivamente el año de 1880, es decir durante el porfirismo, cuando se inició la construcción de nuevas vías férreas, de tal manera que puede decirse que en esa época es cuando se construye nuestro sistema ferroviario, en forma tal que durante gran parte del siglo XX prácticamente estuvo como lo dejó Porfirio Díaz.
Es obvio que el sistema porfirista construyó la red ferroviaria, procurando servir a los intereses norteamericanos como lo demuestra claramente el tren Durango-Tepehuanes, toda vez que tuvo como fin principal la explotación y el transporte de los abundantes y ricos minerales de Guanaceví, cuyos explotadores eran precisamente norteamericanos. Sin embargo hay que reconocer que el país se vio también positivamente beneficiado con la construcción de ella que originó una época de desarrollo nacional y regional, como así sucedió con el tren Durango-Tepehuanes, cuyo origen jurídico a continuación se narra.
Con fecha 6 de mayo de 1899, el Gobierno del Estado de Durango, representado por el licenciado Juan Santa Marina, y la Compañía del Ferrocarril, Internacional Mexicano, representada por su gerente y apoderado, señor Lorenzo M. Johnson, ante la fe del licenciado Felipe Villarreal y Zarza, notario público de la ciudad de Durang, celebraron un contrato por medio del cual la compañía se obligaba a construir una vía férrea de la ciudad de Durango a Santiago Papasquiaro y de esta población a Guanaceví, pasando por las poblaciones del trayecto que la compañía juzgara conveniente, de acuerdo a los planos aprobados o que aprobare la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, según el contrato de concesión.
A cambio, el Gobierno se obligaba por los beneficios que resultaran al Estado a traspasar gratuitamente para la construcción de la vía férrea el derecho de vía y terrenos para estaciones en toda la extensión de la línea, siendo dicho derecho de vía una faja de setenta metros de ancho en terrenos incultos y de cuarenta en terrenos cultivados al iniciarse la construcción, repartidos por mitad a uno y otro lado del eje de la vía. Los terrenos para estación serán en cada caso un rectángulo o paralelogramo de mil doscientos metros de largo por cuatrocientos de ancho inclusa en esta anchura la de derecho de vía.
Las aguas para el servicio de la línea que pudieran extraerse de los ríos y corrientes de uso público que sean tocados por la vía o que queden cerca de ella.
También la piedra, cascajo y tierra necesarios para la construcción de la vía y dependencias, independientemente que se encontraran dentro del terreno cedido o fuera de él.
Se exceptuaban de la cesión gratuita las madereras, en el entendido que los dueños de éstas deberían recogerlas por su cuenta y riesgos exclusivos, y eso sólo durante la construcción de las obras de terracería.
La cesión del derecho de vía y estaciones incluía el valor de las mejoras que se encontraran en el terreno, siendo por cuenta de la empresa la demolición de ellas. Las mejoras podría retirarlas el Gobierno en lo que fuera posible y le conviniera, durante o antes de la construcción.
La compañía se obligaba a dar inicio a la construcción antes del plazo de un año contado desde la fecha de la escritura pública o un mes después de promulgado el decreto de autorización de la Legislatura. No obstante, la compañía no faltaría al cumplimiento del contrato, si por cualquier motivo dejare de concluir la construcción de la línea dentro del término de cinco años, contados desde las fechas antes citadas, sino que en todo caso perdería las concesiones otorgadas, en lo que se refiere al tramo de vía que dejare de construir.
En cualquier tiempo que la compañía fuere molestada en el uso y goce de los terrenos, aguas y materiales, el Gobierno saldría en su defensa hasta dejarla en quieta y pacífica posesión de ellos.
La Legislatura del Estado, presidida por el licenciado Esteban Femández y por los diputados J. Centeno Villarreal y Julián Bermúdez como secretarios, por Decreto número 37, de fecha 14 de abril de 1899, autorizó al Ejecutivo para que cediera gratuitamente a la Compañía del Ferrocarril Internacional Mexicano, bajo las condiciones que con ella tuviera a bien acordar, el terreno que en el estado necesitara para derecho de vía y estaciones en la prolongación de la línea relacionada y para que estipulara las demás concesiones que estimara convenientes.
Hoy desafortunadamente, por una mala decisión presidencial, mejor dicho presidencialista, al tren Durango-Tepehuanes se lo ha llevado el tren y a nosotros junto con él. Recordando Las gorditas y los lonches, los vendedores gritando a todo galillo llévese su lonche Lonches y el mas alto LONCHES, las paradas continuas que tomaban todo el día para el viaje, las personas que viajábamos éramos gente que en la perdida del día significaba menos que el mismo gasto del viaje, eran solo algunas monedas que cobraba. A las 8 en punto el silbato del tren rajaba y se expandía en una mañana de poco viento asta mi pueblo la Purísima, mis padres decían ‘ha escuchaste el tren, a cuantos viajeros les estarán dando su despedida” La experiencia era inolvidable para los chamaquillos como para los adultos, los caramelos y las cajetas de leche en su contenedor de madera redondos, y sus colores llamativos de papel estraza, los cacahuates y sus dulces tomys, todo un chu-chu chu para el recuerdo, las vías de este tres están terminando en la exportación con rumbo a la China Comunista, al parecer mas de cien años de pasar entre estos rieles aun les queda acero para la reciclacion, así mesmo se fue el tren así mesmo me dejo el tren, y a las personas quedadas ya mejor los dejo el Camión Estrella Blanca.
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